lunes, 8 de octubre de 2012

El Maestro atento; el párvulo impávido.

Profesor, ¿qué hacemos? Todo se nos escapa de las manos. El Mundo, el Mundo. La vida…, ésta no se nos puede escapar, porque es nuestras manos y nuestros pies. Pero aún así, tenemos que decidir qué hacemos con ella. Qué caminos recorremos, qué tierra labramos. Nos salen durezas, callos, manos duras, llenas de vida. Manos de "pobre", rico en vida, rico en sabiduría, en experiencia. Rico en hambre. Pobre en nada.
¿Quién eres tú? ¿A qué has venido? ¿Qué quieres?
Quiero que te sientes en mi mesa, que comas de mi plato, que compartamos nuestra hambre. Que llenemos la barriga con retorcijones, porque mi plato está vacío. Dame la mano, recorramos juntos el camino.
Pero, ¿no decía el poeta que no había camino? Claro que no lo hay. Yo no lo veo, tampoco lo busco, ni lo pretendo. Hace tiempo que me salí de la senda marcada, hace tiempo que decidí recorrer el Mundo como si no hubiera más que eso, Mundo. El mundo es mundo y se hace mundo al andar.
¡Ay, Jan-Luc! Hasta el Mundo nos lo quieren quitar. ¿A caso pueden? ¡Ay, si pudieran!
¿Qué les falta? No es comida.
Párvulo, tienen un hambre que no hay comida que la sacie. Tienen hambre de Mundo.

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