lunes, 4 de febrero de 2013

Decencia Intelectual y Práctica.


Huele a podrido toda la política española. Ahora florece esto, antes lo otro y después vendrá lo de la moto. 

¿Por qué queremos seguir defendiendo a partidos políticos corruptos, que no se interesan más que por sus propios intereses partidistas? La única respuesta es que somos rematadamente tontos. 

Harán que "huyamos" del país, o que tengamos que malvivir por miedo a lo desconocido.
Nadie debería irse de sus país más que por el puro interés por conocer algo nuevo o diferente, pero por necesidad, más cuando esa necesidad viene impuesta porque las clases dirigentes de este país (posiblemente desde el inicio de los tiempos) sean unos, no ya ineptos, sino unos corruptos egoístas, eso me recuerda a los inmigrantes del sur del sur, que tantas veces han sido culpados de nuestros males.

Cuando ahora, algunos, emigren con la intención de mejorar su situación personal, nos daremos cuenta de qué es eso de que te llamen "inmigrante", o que no seas, por muy europeos que nos creamos, tratado como igual. 
Los que se queden aquí, o "luchan" o se dan por vencidos en medio de un ataque al de siempre, al más débil. La inmensa mayoría de los que aquí se queden deberán intentar sobrevivir con lo puesto, luchar por no ser tratado muy indignamente, algo que parece hoy en día una utopía, y demás tratos vejatorios. 
¿A caso pensamos que esto cambiará por unas elecciones o por un cambio político? Sinceramente, lo dudo. Algo cambiará, pero será tan mínimo, que a la mínima, valga la redundancia, que todo volverá a ser igual. 
Hemos estado unos años obnubilados por una realidad que era muy prometedora, es decir, nos han enseñado cómo sería deseable vivir para una inmensa mayoría de la población. El problema es que puede que, primero no estuviéramos preparados para eso, y segundo que no sea "beneficiosos" económicamente para la sociedad que "quieren" construir. 

La única solución posible es que tomemos las riendas del tipo de sociedad que queremos construir y que seamos la inmensa mayoría la que decidamos qué es lo que beneficia a ese pueblo tan vilipendiado que conforma el conjunto de la sociedad española. Ahora, para llevar esto a cabo se necesitan grandes dotes de ética, moral, solidaridad, sacrificio y demás valores tan ausentes de nuestra sociedad, y además, que estos valores salgan de la propia sociedad, es decir, de abajo hacia arriba, para que el cambio sea factible.

Es hora de ponerse manos a la obra, puesto que no hay tiempo que perder.




lunes, 8 de octubre de 2012

El Maestro atento; el párvulo impávido.

Profesor, ¿qué hacemos? Todo se nos escapa de las manos. El Mundo, el Mundo. La vida…, ésta no se nos puede escapar, porque es nuestras manos y nuestros pies. Pero aún así, tenemos que decidir qué hacemos con ella. Qué caminos recorremos, qué tierra labramos. Nos salen durezas, callos, manos duras, llenas de vida. Manos de "pobre", rico en vida, rico en sabiduría, en experiencia. Rico en hambre. Pobre en nada.
¿Quién eres tú? ¿A qué has venido? ¿Qué quieres?
Quiero que te sientes en mi mesa, que comas de mi plato, que compartamos nuestra hambre. Que llenemos la barriga con retorcijones, porque mi plato está vacío. Dame la mano, recorramos juntos el camino.
Pero, ¿no decía el poeta que no había camino? Claro que no lo hay. Yo no lo veo, tampoco lo busco, ni lo pretendo. Hace tiempo que me salí de la senda marcada, hace tiempo que decidí recorrer el Mundo como si no hubiera más que eso, Mundo. El mundo es mundo y se hace mundo al andar.
¡Ay, Jan-Luc! Hasta el Mundo nos lo quieren quitar. ¿A caso pueden? ¡Ay, si pudieran!
¿Qué les falta? No es comida.
Párvulo, tienen un hambre que no hay comida que la sacie. Tienen hambre de Mundo.

Humanismo Femenino



-Hijo: Buenos días, Padre.
-Padre: (...).
-P: ¿Qué tal estás?
-H: Bien, cansado, por el viaje.
-P: ¿Cómo van los estudios en la ciudad?
-H: Bien.
-P: ¿Has aprendido algo de provecho?
-H: Sí, algo.
-P: Cuéntame.
-H: Pues...
-P: Pero vente, que tengo que ir a sacar el rebaño.
-H: Padre, lo que más he aprendido son palabras raras.
-P: ¿Y eso? ¿Qué son palabras raras?
-H: Pues palabras raras, como de otro idioma, que casi nadie conoce, sólo el maestro.
-P: Pero si las conoce el maestro, entonces no serán raras, será que tú todavía no las entiendes.
-H: Sí, eso será.
-P: Y, ¿qué palabras son esas?
-H: Pues (…).
-P: (…) Bueno, da igual, yo tampoco las entenderé.
-H: No se crea padre, usted lee mucho.
-P: No lo suficiente, hijo, no lo suficiente.
-H: Padre, hay una cosa que te quería preguntar.
-P: Dime.
-H: Alguna vez has leído, en alguno de tus libros, sobre el "humanismo".
-P: Algo he leído, ¿por qué?
-H: Pues porque el maestro dice que el humanismo es femenino.
-P: Y así es, hijo, así es.
-H: ¿Por qué, padre?
-P: Pues quizá sea porque el humanismo es creador.
-H: ¿Cómo Dios?
-P: No, como las mujeres. Como las ovejas, como lo femenino, en fin, como la madre naturaleza.
-H: Entonces, ¿Dios no creó todas las cosas?
-P: Si Dios creó todas las cosas, entonces Dios era mujer, hijo.
-H: Entonces, ¿mamá es como Dios, las ovejas son como Dios… a caso lo femenino hace el trabajo de Dios en la Tierra?
-P: Exacto, y si no hace el trabajo de Dios en la Tierra, es que ellas son Dios en la Tierra. Ellas crean seres. Todo lo femenino tiene el poder de dar vida.
-H: ¿Y qué pasa con las piedras, la tierra, el barro, el sol y las estrellas?
-P: Cada cosa en su lugar. Lo que tenemos a nuestro alrededor, está creado por la "madre" naturaleza. Lo que hay allí arriba..., no sé, quizá tu maestro te lo cuente en la próxima lección, pero seguro que también lo creó algo femenino.
-H: Padre, eso algo parecido al panteísmo. Otra palabra de esas raras.
-P: No sé, hijo, sólo te digo lo que veo, lo que he visto en toda mi vida. Ni más ni menos. No veo palabras raras, veo ovejas que tienen corderos, veo como el agua de la lluvia crea el pasto que alimenta a esas ovejas, y veo como la leche de esas ovejas nos alimenta a nosotros.
-P: Veo la realidad hijo, la realidad.
-H: Padre. También los corderos nos dan alimento. Eso es lo contrario a la vida, Padre, es muerte.
-P: Sí. Hijo, aprenderás que para que haya vida tiene que haber muerte y que la muerte da vida. Pero es una muerte respetuosa. Ni más ni menos que la que se necesita para subsistir. 
-H: ¿Siempre es así, padre?
-P: No, hijo, no. Pero no hay que perder la esperanza.